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Breve síntesis histórica sobre

                                                          LA CIUDAD DE VILLA MERCEDES (PROV. DE SAN LUIS)                                                        

 

                                                                       Autora: Lic. NORMA VIDELA TELLO

    La Fundación

            Somos hijos de una ciudad que está llegando a su Sesquicentenario, y pensamos que quienes la fundaron respaldados por una ansiada Constitución, ya avisoraban un país que “caminaba en medio del perfecto desarrollo físico y moral”.

El Gobernador Justo Daract, su fundador tenía como propósito crear y sostener instituciones, basadas en la Ley Fundamental que posibilitaran la existencia de una ciudad con futuro seguro.

Juan Esteban Pedernera, su cofundador expresaba “Ha desaparecido el poder de las bayonetas, la fuerza moral nos rige…”

La historia de la conquista y colonización española se retrotrae en la región al siglo XVI, en que la zona de Cuyo es sojuzgada desde la Capitanía de Chile.

 

Ellos fueron levantando pequeñas ciudades, modestas pero con las instituciones mínimas que exigía la legislación Indiana, para conformar un espacio donde se asentaban los blancos en representación de la corona española: primero Mendoza y San Juan y en 1594 la ciudad de San Luis

Históricamente la región de Cuyo está integrada por estas tres ciudades cabecera, alrededor de las cuales fueron surgiendo pequeños caseríos. Nos  referimos a hechos acaecidos durante los siglos XVII, XVIII y primeras décadas del XIX.

En referencia a la historia de la Provincia de San Luis, pocos saben que la mayoría de los pueblos puntanos tienen un origen muy antiguo. Del análisis del nacimiento de alrededor de más de 50 pueblos existentes en la Provincia, sabemos que unas 35 poblaciones surgieron en los tiempos coloniales.

Recordemos que San Luis fue fundado en la ancha franja fronteriza que separaba las poblaciones blancas de las indias, por lo tanto era tierra de malones, cautivos, tolderías tierra adentro y pobres fortines aislados en el desierto.

Las relaciones entre ellos fueron buenas (a veces por  motivos comerciales), o malas, de acuerdo a las épocas y circunstancias, pero los indios siempre, desde los inicios de la conquista hasta fines del siglo XIX estuvieron presentes en la historia de San Luis.

Si hacemos un seguimiento cronológico del acontecer de esta región podemos decir que hacia la mitad del siglo XIX se inicia una nueva época. La cual puede ser llamada con justa razón: la etapa constitucional.

A partir de la jura de la Constitución Nacional en 1853, comienzan aunque con algunas dificultades (debido a la problemática federal), a sucederse los gobiernos constitucionales nacionales.

Entre las primeras medidas tomadas se trata de hacer lo mismo con los gobiernos provinciales.

Por esa época se decide fundar hacia el 1 de diciembre de 1856 un nuevo pueblo de tinte cívico militar a unos 90 kilómetros hacia el este de la ciudad capital de San Luis.

Se le dio el nombre de Fuerte Constitucional, hecho que llevó a muchos historiadores de épocas ya superadas a considerar que esto se hizo en base a un supuesto Fuerte que habría existido antaño en este lugar, que era llamado Las Pulgas. Hoy está completamente descartada la existencia de este fortín, ya que no hay ningún documento, cartografía o testimonio que lo avale.

La nueva ciudad se asentó sobre la margen izquierda del río Quinto (el antiguo río Popopis aborigen) y uno de los objetivos de su presencia fue fortalecer la frontera contra los indios ranqueles.

Fueron sus primeros habitantes españoles y criollos bien mestizados que provenían de San Luis, El Morro, San Lorenzo del Chañar y estancias de los alrededores.

Su demarcación se hizo con reminiscencias de las viejas fundaciones indianas, con una Plaza (hoy Lafinur) alrededor de la cual de instalaron precariamente las instituciones fundamentales, las autoridades comunales, y la Iglesia.

A los pocos años (1861) se le cambió el nombre por el de Villa de Mercedes, en homenaje a la Virgen de las Mercedes que había sido elegida por el pueblo como su Patrona.

Por entonces la población ya contaba  con la “Escuela de varones”, logro que le debemos a las gestiones realizadas por el General Juan Esteban Pedernera, que conciente de la importancia de proveer de educación a una población que nacía con buena estrella y miras de superación, consiguió los fondos para su creación del Gobierno por entonces de la Confederación Argentina. Relatan los primeros cronistas que su construcción acorde a las demás era muy rústica, lo cual es comprensible si pensamos que este lugar tenía apenas tres años de vida (1859). Su primer maestro fue don Laureano González, hombre poco recordado por los habitantes de este lugar.

La escuela estuvo ubicada frente a la plaza fundacional y se constituyó en la base de la Escuela Nº 30 General Pedernera, escuela de varones, que conservó esta característica hasta las últimas décadas del siglo XX.

 

Las bases identitarias

Fue una ciudad que tuvo un crecimiento muy dinamizado a partir de la década de 1870. Durante esos años se duplica la población que en 1869 era de 1569 habitantes.

Cuando llega la primera línea del Ferrocarril en 1875 (el Central Oeste Argentino), se construyó una estación de trenes a unos cuatro kilómetros hacia el norte de la ciudad. Se intentaba en un acto de federalismo unir por ferrocarril las ciudades de Rosario y Córdoba. De este logrado proyecto se decidió sacar un ramal que pasando por Villa María y Río Cuarto llegara a Cuyo para absorber toda la producción de esta región. Así fue como Villa Mercedes se convirtió por unos años en punta de rieles.

Con él llegaron los inmigrantes, que con sus tradiciones y costumbres fueron produciendo un giro en la identidad que comenzaba a dibujarse en la población fundadora, enriqueciéndola y proveyéndola de un inusitado colorido.

Luego fueron llegando otras vías férreas, como el Ferrocarril Andino, que unía Buenos Aires aspirando llegar hasta Mendoza. La ciudad portuaria no permitiría que el centro y el oeste del país se escaparan de su hegemonía socioeconómica.

Los inmigrantes que comenzaron a poblar nuestra ciudad fueron creando sus propias instituciones de acuerdo a cada colectividad y con el tiempo, los hombres y mujeres de diversos orígenes se casaron confundiendo sangre y retazos nostálgicos de lejanos paisajes con la nueva tierra adoptada y por siempre amada. Españoles e italianos, franceses, judíos y árabes. De ellos, los que en mayoría se quedaron para sembrando su progenie, fueron las dos primeras colectividades.

La presencia ferroviaria dibujó el perfil de la ciudad que tendríamos: una ciudad larga con un extremo histórico (el centro) y otro puramente comercial (la estación). En un principio, realmente dos pueblos distintos.

En este último y por tal razón fue surgiendo otro asentamiento, que tuvo primero sus negocios, fondas y depósitos y luego se levantaron las viviendas de las familias de estos trabajadores.

Esa gente fue generando la respuesta a sus propias necesidades. En el aspecto religioso fue el matrimonio Olivera, el que trajo una imagen de San Roque a su casa, que comenzaron a venerar los vecinos.

Allá por 1890 se rezaba una novena en su honor.

De todos ellos surgió la idea de levantar una capilla al santo, la cual comienza a construirse en 1907 y encontramos abierta ya en el 13. Hacia la década del 30 se construye el templo que se inaugura en 1934.

 

La organización administrativa

Corría el mes de julio de 1875 cuando se conforma la Corporación Municipal, que tenía autoridad sobre la Villa de Mercedes y San José del Morro, como Tercer Departamento de la Provincia.

Se determina que el área céntrica que contenía 20 cuadras cuadradas estaba limitada por las calles Las Heras al este, Gral. Paz al oeste, Catamarca (hoy Miguel B. Pastor) al sur y Buenos Aires al norte.

Ya en esa época se advierte un corrimiento del eje central desde la Plaza fundadora “6 de diciembre” o “Plaza del 4” a la actual Plaza Pedernera, con cierta razón denominada “Plaza del Progreso”, superándola en lo edilicio y comercial de su entorno.

La primera calle que se abrió al tránsito entre los dos extremos poblados fue llamada calle 3 de Febrero (actual Pedernera).

También la Iglesia abandonó el solar de la calle Potosí, entre Belgrano y Balcarce, para levantar el nuevo templo en un lugar que se dio en destacar como “más aparente”, donde se encuentra actualmente sobre calle Pedernera, Frente a la Plaza homónima.

El Presidente Nicolás Avellaneda, con su ministro Julio Argentino Roca concretan la conquista del Desierto que exterminó las etnias indias de toda la pampa, silenciando la voz aborigen, sesgando la vida de miles de personas que en realidad lo único que deseaban, en el fondo de sus interminables luchas de varias centurias era seguir viviendo en sus tierras, sin guerras ni miserias, reclamando el derecho de todos los seres humanos: vivir en libertad y con dignidad y respeto a su cultura.

Pero el proyecto de transformar a la Argentina en una potencia agroexportadora, basada en la explotación de las tierras que lograran quitar a los indios, llenándolas de trigo y ganado, extendiendo por ellas largas y plateadas líneas férreas prevaleció.

Aquellos que se salvaron de las grandes matanzas merodearon llenos de pavor y resignada desesperación por sus muertos, por las antiguas tierras fronterizas y sigilosamente se fueron mimetizando en los pueblos, asentándose en los barrios más alejados de Villa Mercedes, (entre otros), sembrando sus semillas en casamientos, que luego de generaciones, disimularon y silenciaron el mestizaje producido.

 

 

El Progreso

La Generación del 80 llegó a San Luis y Villa Mercedes, con sus postulados de modernización, que se plasmaron en construcciones edilicias y reformas en general de infraestructura.

Las antiguas callejuelas de la capital y las polvorientas calles villamercedinas se vieron surcadas por el progresivo movimiento de carros, carruajes y carretas. En ellos se trasladaban quienes dirigían las nuevas obras que comenzaban a surgir en estas ciudades y sus obreros, construyendo las escuelas normales, la Casa de Gobierno en San Luis, los chalets y algunos edificios con pretensiones de “palacios”.

En las enormes carretas venían los peones de campo y troperos trasladando toda la producción del resto de la Provincia, Mendoza y San Juan buscando salida hacia el puerto, por ferrocarril.

Eran épocas de bienestar y sin mayores problemas económicos para la clase dirigente y aquellos inmigrantes que iban creciendo gracias al tesón de su trabajo. Llegaban las comunicaciones con el telégrafo y el teléfono, difundiéndose el uso de la imprenta, cuya introducción en la provincia se produce en 1847. Su presencia posibilitó el surgimiento de los periódicos, que fueron numerosos y variados, aunque de corta vida.

Las imágenes de aquellas gente comienza a quedar grabada para la historia con los novedosos fotógrafos, sus daguerrotipos y fotos al vidrio, la moda se pone al día con las máquinas de coser que usaron sastres, camiseras y modistas y el rubro metalúrgico trae aires industriales con sus avances. Todos ellos posibilitaron nuevos oficios y el acceso al trabajo ya en el siglo XX no tan sólo a los hombres sino también de las mujeres.

Esta Villa tan joven tuvo un crecimiento muy rápido, lleno del dinamismo propio de las mentes de la Generación del 80 que gobernaban desde Buenos Aires comenzando la traza de la Argentina Moderna.

Al paso de los años se construyó sobre la actual avenida Mitre el Hotel de Inmigrantes, que luego de otros usos terminó siendo el edificio municipal.

Así se fue edificando y delineando esta ciudad, llegando un momento en que los dos extremos quedaron unidos, cuando se levantaron casas de familias a lo largo de  estos hitos. Sobre todo en esta vía (y en el centro) surgieron los hermosos chalets, y las casas de altos frentes de ladrillo, construidas por los maestros de obra de origen italiano que tanto aportaron a la arquitectura de principios del siglo XX aquí y en muchos otros sitios del país.

Todo esto fue cambiando la fisonomía urbana de una ciudad que hasta entonces tenía una construcción achatada y de materiales modestos.

En las zonas marginales, se levantaron las quintas, generalmente de propiedad de los inmigrantes, creando un verdadero cinturón verde.

Se fortalecieron tanto en su producción que resultó autosuficiente para los vecinos por lo que quedó un importante remanente que comenzó a comercializarse en la región llegando hasta Córdoba y Mendoza, entre otros lugares, lo cual fue posible por la existencia de las vías férreas.

La necesidad de contar con una buena canalización que irrigara las quintas, hace que tras varios intentos se inaugure, el 24 de septiembre de 1904 el Dique Vulpiani, como poderoso espejo de agua, que fue puesto en servicio dos años más tarde.

Al poco tiempo en 1916 se construye uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el de Obras Sanitarias con su enorme tanque, que forma parte del paisaje urbano de la zona centro.

La producción fue también agrícola y ganadera, las buenas tierras generosas permitían la siembra de trigo, generando un polo de atracción para la instalación de un importante Molino Harinero.

 Allí llegaba el trigo cosechado en toda la región en chatas desde Fraga y Juan Llerena.

El Molino Fénix con sus altos silos se inaugura el 12 de octubre de 1922.

 

El crecimiento no fue sólo económico, sino que el empuje y la política de la Generación del 80 trajo, terminando el siglo XIX periódicos, la Escuela Normal, luego el Colegio Nacional además de numerosas escuelas primarias, ya en pleno siglo XX.

Surgieron lugares de entretenimiento, nuevos partidos políticos, barrios y las consiguientes comunicaciones.

En el año 1896 Villa Mercedes obtiene de la Legislatura de la Provincia de San Luis el reconocimiento por ley como ciudad.

Villa Mercedes tuvo siempre una gran feligresía católica, pero también se caracterizó por su total tolerancia a la presencia de otros credos.

A fines del siglo XIX llega la Iglesia Metodista, que se instala con un hermoso y sobrio edificio de apreciado valor patrimonial, sobre la calle 9 de julio, en pleno Barrio Estación.

Mucho se debe en lo que se refiere a la preservación y expansión de la fe católica a la presencia de Madre Cabrini en Villa Mercedes.

Tesonera misionera y educadora, se enamoró de nuestra tierra sintiendo que en este lugar debía enraizar un colegio que hoy (aún con los cambios edilicios) existe en plenitud.

Es reconocida además como protectora de los inmigrantes. Santa Madre Francisca Javier Cabrini, es la única santa que estuvo en nuestra ciudad y dejó su obra permanente, legando su ejemplo de mujer libre de prejuicios propios de una época en que las mujeres eran criadas para ser el centro de sus hogares. Ella tras fijar una meta, la de difundir el mensaje de Dios y mejorar la educación en el mundo fue un huracán concretando su obra, regalándonos su amor a manos llenas.

Dentro de nuestra historia es muy significativa la creación de la Escuela Normal, (Ley Nº 3.064 del 5 de enero de 1894). Inició sus tareas el 2 de agosto siendo su primer Director el Prof. Julio Feliciano de la Mota, quien organizó y seleccionó al personal.

Los avances también produjeron cambios de mentalidad, sobre todo en el tema de género, la mujer fue cambiando antiguos roles logrando un protagonismo duramente ganado que le posibilitó lentamente su introducción en casi todo el ámbito laboral y social.

Plazas, monumentos, colegios, comercios y casas van poblando la ciudad durante la primera mitad del siglo XX.

Hacia mediados del siglo XX  la ciudad está quieta, como detenida en el tiempo hasta que a partir de la llegada de la Universidad Nacional de San Luis, Villa Mercedes logra su propia Facultad con varias carreras que posibilitan que muchas de las familias del lugar y la región pudieran hacer estudiar a sus hijos en ella.

Los beneficios de la Ley de Radicación Industrial en la Provincia de San Luis, producen una verdadera revolución. Desde ese momento llegan cientos de industrias y para trabajar en ellas, miles de inmigrantes de otras provincias y países vecinos. A partir de la década del 80 y sobre todo con la finalización del Proceso militar y la recuperación de la democracia, surgen extensos barrios, con sus escuelas y espacios verdes como producto de una política claramente encauzada hacia la valorización de la vida, produciendo el crecimiento y la transformación de Villa Mercedes en una ciudad industrial.

Cambió su trazado ensanchándose, tuvo sus quiebres y dolores con el Proceso Militar y la Guerra de Malvinas.

Hoy sigue su camino construyendo su destino, convencida que nadie más que sus propios habitantes y sus representantes serán los mejores modeladores del mismo.

 

La Calle Angosta

Por detrás de las vías del tren, justamente a la altura del edificio de la actual estación, se fue configurando un angosto pasaje, por donde pasaban los carros y carretas que traían la producción del norte de la provincia para ser embarcado en los trenes que la llevarían fundamentalmente hacia Buenos Aires. Estos venían por la calle de los Álamos, pasaban por ese sendero para salir a la calle ancha, como se conocía a la calle Tres de Febrero (hoy calle Pedernera).

Esta calle (tras las vías) se hizo más angosta cuando el ferrocarril tendió un alambrado que le quitó varios metros de ancho. El Intendente Olloqui intentó acordar con las autoridades del ferrocarril la cesión de seis metros para hacer posible la circulación de las grandes carretas, pero sólo se logró el ensanchamiento en dos metros.

Su extensión la fijó la habilitación de dos pasos a nivel, el de la calle Belgrano y el de los Álamos, y quedó finalmente conformada hacia 1922 cuando se levantó el Molino Fénix.

A la vera de esta calle, en el frente norte se fueron construyendo casas de arquitectura modesta, de líneas muy simples, algunas con jardines al frente. Ellas pertenecían en su mayoría a empleados ferroviarios, que buscaban la cercanía a su lugar de trabajo. Eso le dio la identificación de ser la calle de una sola vereda.

Según los testimonios esta calle tuvo diferentes nombres, lo cierto que pese a esas denominaciones la identificación que prevaleció fue la de “Calle Angosta”.

Calle de boliches, cuya característica era la existencia de almacenes de ramos generales donde durante el día iban a hacer sus compras las mujeres del barrio, se convertía a partir del atardecer en una parada para conversar cosas de hombres, cuando los ferroviarios terminaban sus tareas en la estación.

Esas reuniones por lo general no se hacían frente al mostrador, las señoras desaparecían después de las seis de la tarde, pues ya sabían que entonces el espacio era para sus hombres. Esos negocios tenían a veces un cuartito interior, donde había algunas pocas mesas donde ellos tomaban un vino y tocaban la guitarra. Allí nació una hermosa costumbre, la de cantar música cuyana, convirtiéndose esos lugares en un verdadero refugio de tonadas y cuecas cuyanas.

Entre estos boliches estuvo el de don Cándido Miranda, parte del cual es atesorado por los descendientes de Don Cándido, el de don Manuel, que tenía también cancha de bochas, el de don José Orozco y el del “Turco” Abrahán. Cruzando las vías, por la calle ancha, como se llamaba a la calle París (actual calle Aviador Origone) y calle San Martín había otro boliche muy concurrido, era el de don Calixto María padre del prestigioso músico Félix Máximo María.

Más de cien años han transcurrido desde entonces, pero esta es una tradición valiosamente guardada en la memoria de los villamercedinos, a lo que se debe sumar que esta calle y sus especiales características lograron trascendencia, hasta en el exterior cuando José  Adimanto Zabala escribió la cueca “Calle Angosta” que cantaba con Alfredo Alfonso. Esta obra se fue constituyendo en el himno que le otorgó identidad propia a este espacio de la ciudad.

En la actualidad, esta calle, el Boliche de “Don Miranda” y el Predio Cultural, Recreativo y Turístico “Calle Angosta” se han convertido en un espacio donde se aprecia nuestra Historia, las manifestaciones artísticas con sus importantes Murales y Esculturas y se vive la “Fiesta de la Calle Angosta” desde 1984.

El actual Boliche es un lugar que nació allá por los sesenta (siglo XX), como una manera de rememorar los nostalgiosos tiempos de los boliches de antaño y se fue convirtiendo en el lugar donde encontramos las mejores manifestaciones de nuestro folklore cuyano. Con una propuesta gastronómica criolla pueden los turistas y visitantes imaginar cómo fueron las costumbres de los recordados boliches históricos de la Calle Angosta, de los cuales ninguno mantiene abiertas sus puertas.

En la “Fiesta Nacional de la Calle Angosta” una vez al año, coincidiendo con los festejos de la fundación de la ciudad se exterioriza nuestra cultura popular, artística, cultural, gastronómica, artesanal y deportiva atrayendo no sólo a toda nuestra gente sino también a los habitantes de la región, convirtiéndose anualmente en un acontecimiento de atracción turística a nivel nacional.

 

*Norma Videla Tello es Licenciada y Profesora en Historia y tiene un Master en Cultura Argentina. Es historiadora y se dedica a la Historia Regional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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